Monday, June 18, 2007

Judios en Argentina


Las primeras familias judías Llegaban a la Argentina a bordo del vapor - Weiser "una comunidad entera, eran 136 familias que totalizaban más de 800 personas conducidas por el rabino Aarón Goldman.

Llegaron flacos, pobres y sucios desde su Rusia natal. Era gente aislada, de rezos prolongados y apegada a su fe.

Se instalaron en el Hotel Del Inmigrante, en donde no tardaron en sacar a relucir sus candelabros, el samovar, los libros santos y la copa de vino ritual.

Sus tradiciones no tardarían en impactar en las sencillas costumbres locales, en cuestión de hábitos raros nadie había llegado tan lejos como estos rusos.

Las tierras que se le habían prometido ya no estaban disponibles y este contingente es trasladado en tren hasta la localidad de Palacios (Provincia de Santa Fe).

En 1862 se constituyó en Buenos Aires la primera institución judía oficial, la Congregación Israelita, que reunió a los judíos llegados de Europa occidental.

La población judía se divide en dos grandes grupos: los sefardíes y los ashkenazi.

Los sefardíes son aquellos judíos de origen español, los que llegaron a la Argentina eran marroquíes, damasquinos, alpinos y los de habla judeo-española, que se expresaban en "ladino" (una especie de español antiguo). La mayoría permanece en las ciudades y se dedican al comercio.

Los ashkenazis eran originarios del este de Europa, hablan IDISH y fueron mas conservadores de sus tradiciones. Se radican en el campo.

DONDE SE UBICARON

Sin darse cuenta judíos ricos y necesitado se aglutinaron en el barrio de Once. Allí se juntaron peleteros, sastres, remendones, casas de comidas típicas y comercios fragorosos. La sinagoga y la institución para ayudar a los desamparados también tomaron lugar en el mismo barrio.

Los judíos observantes siempre intentaron ubicarse cerca del templo, pues en la celebración de una de sus fiestas, el SHABAT, no podían dirigiese a él en transporte alguno sino a pie.

Villa Crespo, Almagro, La Paternal, Caballito, Flores y Barracas también tentaron a la comunidad.

Pero es en Once donde se concentra el sabor y el espíritu de la vida judía. Es allí donde el perfume mezclado del koilech y los béiglaj tienta desde las confiterías a los muchachitos que concurren al templo, cubierta la nuca con el kkipá.

LA SEGUNDA OLEADA

Hacia 1880 y hasta la caída del régimen zarista, la situación de la comunidad judía de la Rusia meridional se fue tornando cada ves más intolerable. Las persecuciones religiosas, los impuestos, los impedimientos para ejercer libremente sus profesiones, las trabas para acceder a las tareas agrícolas, fueron acorralándolos en zonas de residencias miserables permanentemente hostigadas. La situación culmino en expulsiones y matanzas, y en la necesidad de buscar otras tierras.

En 1881, por decreto del gobierno de Roca, se promovió la inmigración israelita. La ley de 1887 que autorizaba la entrega de pasajes financiados se publicita por toda Europa y llego a los conocimientos de los judíos ruso. Debido a esta iniciativa llega al país el contingente del vapor Weiser, que tras innumerables avatares, desembarco en tierras de Santa fe, cerca de la estación Palacios.

La decepción de este grupo fue grande ya que sus expectativas se cumplieron solo en mínima parte. Vivieron en vagones o en chozas de lata, casi sin herramientas ni provisiones ni abrigo.

Las quejas de los colonos ante el propietario de las tierras, que no había cumplido sus promesas y la resistencia de este a aceptar costumbres tan extrañas fue generando un conflicto que se agravo por las discusiones internas del grupo. Las familias comenzaron a dispersarse, algunas hacia la ciudad de Sta. Fe y otras hacia la Capital y los pueblos circundantes.

Los judíos venidos de Marruecos fundaron en 1891 la Congregación Israelita Latina, primera entidad sefaradí de la Argentina, y los venidos de Europa Oriental crearon en 1894, también en Buenos Aires, la Jevra Keduschá, llamada posteriormente AMIA.

En 1891 con 2.000.000 de libras esterlinas, Hirsch fundo una sociedad anónima, la Jewish Colonization Association, que obedecía a la intención de establecer en el litoral argentino un firme núcleo judío, para luego transformar esta zona en un Estado Israelí. A esas colonias, llegaron en 5 buques, 1435 inmigrantes que iban a distribuirse en las tierras en Santiago del Estero, La Pampa, Buenos Aires y Santa Fe. Allí con mayor o menor fortuna, fueron brotando cerca de 20 colonias que, a lo largo de los años, sufrieron varios desprendimientos. En ellas los judíos repitieron las dificultades de otros grupos de inmigrantes, agravados por el hecho de que la JCA desalojo a los que no cumplieron sus contratos y expulso a los elementos que considero indeseables.La primera colonia fue Moisesville, en Santa Fe, "la madre de las colonias", llamada sorprendentemente "Jerusalén Argentina".

Para 1899, la comunidad tenia 16.000 personas. A partir de 1900 el numero de inmigrantes creció, el pico se produjo al estallar la guerra RUSOJAPONESA. Según departamento de Inmigración, en 1905 llegaron 10.000 judíos, entre ellos venia la mano de obra calificada.

EL JUDIO Y EL CAMPO

En esas colonias se conformó un misterioso tipo de personaje llamado "Gaucho Judío", sin resignarse a toda su cultura, se fue incorporando al estilo de nuestro hombre de campo tomaba la contextura y el color de los que viven al aire libre, como la mayoría no dominaba este tipo de tareas, la administración de las colonias les pudo instructores criollos que les enseñaron a atar los bueyes y manejar el arado.

A sus antiguas costumbres se añadieron el asado, las alpargatas, las bombachas, las fajas y el pañuelo. La mayoría de estos "gauchos" ccorrespondían a los judíos que llegaron a la Argentina a través de la Jewish Colonization Association, inicialmente sólo unos mil y en su mayoría desde Rusia. Llegaban a su "Tierra Prometida", como llamaron al territorio de Entre Ríos. Es allí donde establecieron sus primeras colonias de trabajo: Clara, San Antonio, Yatay, y más tarde, Lucienville, en el centro de Basavilbaso. Así, a comienzos del siglo XX, Entre Ríos llego a tener cerca de 170 amplias colonias judías, pero sus moradores aún conocían poco el lugar, y sus costumbres, de modo que buscaron introducirse en la zona.

ACTIVIDAD ECONOMICAS

La actividad básica de todas las aldeas, se centro en los productos de granja, la industria quesera y lechera, la cría de ganado para frigorífico y todo tipo de cultivo industrial.

En el país comenzaron a desarrollarse las cooperativas rurales, organización que impulso a las colonias. Las cooperativas anticipaban dinero las colonias, les proporcionaban semillas, carros, herramientas y artículos a menor precio, vendían en común los productos de la tierra y mantenían hospitales, bibliotecas, cementerios y centros culturales.

Aprendieron a hacer hornos de barro, lo que les permitió remplazar la dura galleta por pan fresco.

La dificultad y la falta de experiencia se fueron superando y los judíos encontraban en nuestra tierra la alegría de vivir con trabajo y sin esclavitud.

Hubo, también, judíos que desarrollaron durante el largo siglo y medio desde su llegada a estas tierras, todos los oficios y profesiones: periodistas, médicos, abogados, investigadores, actores, artistas, músicos, comerciantes, industriales, maestros, etc.

LEYES DE ALIMENTACION

Poco a poco la ciudad y el campo habría de acostumbrarse a las modalidades culinarias de los hebreos.

Las leyes de alimentación KASHER autorizan a comer:

  • Solo la carne que se obtiene de, matar al animal con un cuchillo sin mella para que no sufra, desangrándolo en un recipiente de agua con sal y que provenga de animales con pezuña hundida y son rumiantes. Este ritual purificador de los judíos, resultaría muy extraño para un país donde el carnear y asar bestias al descuido era cosa de todos los días.
  • Entre los frutos de mar, solo peces con escamas y aletas.
  • De las aves, solo las domesticas
  • Entre los mamíferos permitidos, además, no todas las partes son buenas: debe desecharse el sebo que rodea las tripas, los tendones, y los cuartos traseros del animal (porque contienen el nervio ciático).

Además la creencia de que la sangre es sacrílega, no permite que esta se mezcle con la leche, pues señala la Biblia que "no guisaras el cabrito en la leche de su madre".

Todas las comidas a base de leche, manteca y queso, se cocinan con utensilios especiales que no se mezclan con los usados para la carne (ni siquiera se lavan juntos), y ambos platos no deben servirse en un mismo menú.

Pero en los comienzos, el país no daba para finezas y estas restricciones complicaron la vida de aquellos judíos que, mientras veían pasar antes sus ojos cerdos, conejos y liebres que satisfacían el hambre desenfrenado de otros inmigrantes, fieles a su costumbre, preferían pasar hambre antes que comerlos.

En los conventillos, los "rusos" convivían con los turcos, tanos y gallegos. Allí aprendieron a tomar mate, que valía como excusa para conocerse, integrarse y limas desconfianzas. Los judíos de Europa Oriental sustituyeron con la nueva infusión a aquel vaso de té que los espera en el samovar.

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